Sunday, 16 July 2017

La cereza del pastel

Hoy quise comparar el gozo y deleite que Dios brinda a mi vida con su amor y presencia con un pastelillo. En un principio pensé: “¿Y por qué no hacerlo, si el amor de Dios es tan suave como el mouse, tan consistente  como la base y su presencia es tan dulce como el chocolate de la cubierta?”

En un instante, brincó a mi mente la idea de que compararlos no era del todo apropiado ya que el pastel se antoja por la apariencia y a Dios se le anhela por amor y fe.

De pronto, después de apenas un poco más de cinco minutos de haberle dado un mordisco, me percaté de lo efímero y finito que era el deleite en el pastel. Era el último pedazo y quería que su sabor permaneciera un poco más en mi boca.

Pero en seguida de haberlo ingerido, el sabor se  desvaneció junto con su aroma, su forma, textura… Todo se había extinguido!

Sin importar cuánto me esforzara o cuántos comiera,  ese placer sólo era y será pasajero. Sólo me quedaba una envoltura y el recuerdo breve del gozo que sentí al degustarlo.

Sin embargo todo lo que proviene de Dios es perenne. Y si algo llegara a ser fugaz como una bendición que sólo pudimos tocar con la punta de los dedos, podemos permanecer confiados de que se trata de un mero entretenimiento y preparación para algo mayor.

En conclusión, en efecto, el gusto en Dios es como el del pastel pero inextinguible. Y la cereza es como las misericordias de Dios; un plus en mi vida.

marzo 2010