Al subir y mirar la
cubierta azul intenso casi petróleo con chispas tintineantes de colores azul,
amarillo y blanco esparcidas de forma inconstante sobre todo el lugar sin
alguna luz que las opaque, mi mirada va hacia tu rostro perfecto, enfocándome a
tu sonrisa que es dibujada por astros con la pincelada perfecta de un
arquitecto creador del universo.
Pienso en ti y vaya que
pareciera que te medito día y noche. Sabes, me encanta esa forma de aprenderte
y dibujarte, a veces de forma animada, pues sólo así me puedes abrazar y puedo
sentir la fuerza y calidez de tus brazos, ver el mismo cielo, la luna, caminar
juntos, reír… allí es donde tu sonrisa es sólo para mí. Algún otro día escribiré una poesía de ella
pero debo enfatizar que me colma de tranquilidad, me inyecta de fe y me da
ánimo para seguir creyendo en el amor.
Continúo y me recuesto para
tomar un baño de luz de estrellas y mi mente vuela hacia donde tú estás. La
música funge como un teletransportador que me lleva a tu espacio infinito en un
parpadear. A lo lejos se ve la sombra de una fila desordenada de palmeras que
son alumbradas por una anaranjada luz de lámpara. De pronto, mis ojos comienzan
a ver en lo sobrenatural un arcoíris que se posa sobre una torre de luz y en mi
mente se susurra la frase “este es mi arcoíris del pacto”
1Jan14
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