Anoche tuve un sueño, en donde nuestros cuerpos eran paralelos y
nuestras almas se reconocían y
se regocijaban por sentirse halladas.
Tu mirada, desencadenó la llama a una inminente
explosión dentro de mi alma. Todo pavor se desvaneció y por cada inhalación, los
lados opuestos de nuestros campos iban exhalando la más grata sensación.
Encuentro excitante y delirante la atracción hacia
ti.
Los efectos secundarios de esos ojos bellos,
alteraban mi percepción de la poesía rítmica que marcaba la ausencia de nuestra
voz.
Todo tú me resultas exquisito. Eres un deleite a
flor de piel.
La entonación de tu voz al pronunciar mi nombre
hacía danzar mi corazón a un ritmo tibio y esto, era solo el inicio. Pero la
melodía se tornó un poco salvaje y así, como la miel atrae abejas, en tu
dulzura, calidez, confianza y seguridad cayeron rendidos mis anhelos de mujer.
En seguida, al recuperar la conciencia, me hallé
entre tus brazos de hombre, rodeada de ternura y amor; tanto que no dejaba de
repetirme lo afortunada que era por tener a un hombre tan perfectamente
imperfecto.
Tus labios… ¡oh! fueron la mejor parte.
Era como saborear con delicadeza la textura, forma y sabor de un apetitoso
chocolate recién hecho. ¡Oh Dios!, qué beso tan perfecto y bien ejecutado. De hecho, se ha
quedado impregnado en la evocación como un fino perfume de importación.
Y todos los
días tomo un poco para aromatizar mi sueño de poder encontrarte y hacer de esta visión un río impetuoso que lleva
aguas de gozo, por materializar lo que yo nombro mi bello esposo.
01nov13
01nov13
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