¿Qué te define?
¿Acaso es tu sonrisa, tu voz o tus ojos?
¿Son tus rasgos?
¿O son esos atributos que a todo hombre causa deseo y a las mujeres envidia?
¿Acaso es tu inteligencia?
¿O tu duro trabajo?
¿O tal vez tu resistencia y resiliencia?
¿Tal vez sea tu esfuerzo y dedicación?
¿Tu temperamento?
¿Tu carácter?
¿El trato que te das a tí mismo o el trato que le das a los demás?
¿El buenos días por la mañana? ¿O el hasta luego del día?
¿Lo que comes? ¿Lo que vistes? ¿Lo que dices y callas?
¿Lo que miras y escuchas o sólo lo que oyes y ves?
¿Tus pensamientos?
¿Tus oraciones?
¿Tus acciones?
¿Tus miradas?
¿Lo que juegas?
¿Lo que sueñas?
¿Lo que cuentas?
¿Tus amistades?
¿Tu familia?
¿La gente que te rodea?
¿El título que llevas?
¿El lugar donde laboras?
¿El calzado que te lleva y trae a diario?
¿El móvil?
¿La cantidad de likes que extraños te dan?
¿O la cantidad de publicaciones que publicas a diario?
¿La sociedad?
¿La religión?
¿El qué dirán?
¿Alguna filosofía?
¿Tus temores?
¿Tus valores?
¿Tus virtudes?
¿La música que escuchas?
¿Los programas que miras?
¿Las páginas donde navegas?
¿Tus recuerdos?
¿El dolor?
¿El gozo de vivir?
¿Un sentimiento?
¿Una emoción?
¿La inseguridad?
¿La motivación?
NO.
Lo que te define es lo que Dios dice de tí, lo que Dios piensa de tí, tu propósito e identidad en Cristo Jesús. Esto sí es lo que define; así que cree y verás cosas maravillosas suceder en tu vida, día con día. Eres hecho a la imagen y semejanza de Dios. Eres perfecto en tu Creador y Salvador.
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